4 feb. 2008

Y sólo faltó el Carnaval...

A priori se consideraba un encuentro más. Pero no era así. Un CD Tenerife-UD Las Palmas no es uno más del calendario. Ya lo advertía Ayala, jugador amarillo, antes de iniciarse el partido: "Si ganamos, nos quitamos a un rival directo", dijo. Pero el defensa no contaba con el frío de la Ciudad Deportiva, ese hielo que se les metió en el cuerpo cuando Alexis sentenciaba la contienda en el tiempo de prolongación.

La tensión se fue palpando según se acercaba el inicio: "Intentaremos estar al margen de todo lo que rodea el derbi. Esperamos que sea una fiesta", decía Rodri Díaz, técnico del CD Tenerife. Y sí, al menos fue una fiesta, un homenaje al buen fútbol.

Miradas desafiantes. Quizá, la UD Las Palmas aún tenía clavado el 1-3 de la ida. "Jugando serios lo sacamos", decía el técnico amarillo en el vestuario, mientras sus instrucciones se difuminaban con el grito de guerra blanquiazul: "Por eso yo te quiero daaaar… algo de corazóón... tus colores son mi viida… Tenerife es mi pasiónn…".

Los brazaletes de acero se daban la mano. Comenzaba la contienda. Antes, una frase para recordar: "Ojalá no haya lesiones", decía Chani Suárez, coordinador de cantera del CD Tenerife.Y yo, mientras tanto, con un chocolate bien caliente, gentileza blanquiazul.

Gritos, ánimos, lamentos, ilusión, desesperación… Era el derbi 'chico'. Entre los protagonistas, un jugador espigado, de segunda línea, perfecto en el desmarque, peligroso en la definición. Parecía lento, era su estrategia. No dejaba respirar, ni pensar… Se parecía a… (imaginación).

La alegría local con el 1-0 se desplomó de un plumazo. Silencio, expectación, preocupación, nerviosismo, inquietud. Carreras por aquí, por allá… El paso de un avión desactivó la sordera. Dani en el suelo, sin conocimiento. Minutos de incertidumbre. Se levanta. Su padre suspira, su madre corre. Cambio forzado: "Como no ganen el partido los mato", dijo a sus compañeros. Y se marchó en ambulancia. Y como si de una promesa se tratara, le respondieron: victoria final.

Y eso que Mingo Oramas –entrenador visitante- vaticinaba otra segunda parte: "Esta misma situación la vivimos en la primera vuelta al descanso y perdimos 1-3", decía. Pero su equipo no fue capaz de repetir la historia, a pesar de afirmar que "vamos a meter tres goles". Se equivocó. Sólo metieron dos.

El frío comenzaba a hacer mella. Entraba por debajo de la chaqueta y no había más chocolate. Encontré un refugio entre aficionados. Pero no fue lo mejor. Ayudado por el viento, me llegó un estornudo. No hubo disculpas. Me di un paseo. Y fue buena opción. Encontré a una aficionada amarilla con un abanico de amuletos: "El Santo de los Imposibles, San Judas Tadeo -uno de los 12 apóstoles-", me dijo. Lo apretó y le dio suerte. Gol de Las Palmas. ¡Casi me pisa en su celebración!. No era mi día, sin duda. Guardó el amuleto. “¿Por qué lo hace?”, pensé. Pum. Gol del CD Tenerife. Y no soy supersticioso. Sólo faltaba el Carnaval. Estaba durmiendo. Algunos tenían el disfraz debajo. Y yo, tan tranquilo.

Publicado en el periódico El Día, el 4 de febrero de 2008